Comunicación análoga y digital
El lenguaje verbal es uno de los elementos asociados al proceso de hominización. Si bien el material genético de humanos y simios tiene muchas más coincidencias que diferencias, suele aceptarse que el habla (desarrollada hace entre 150.000 y 75.000 millones de años) constituye uno de los instrumentos fundamentales de construcción de las comunidades humanas. Según los antropólogos, si no habláramos quizá todavía viviríamos en clanes familiares o en pequeñas tribus, como los chimpancés, porque el diálogo y la conversación sirven, entre otras cosas, para repartir el trabajo, coordinar esfuerzos y estructurar las personas en organizaciones complejas (empresas, ciudades, estados) que permiten conseguir objetivos inalcanzables para un individuo aislado. La técnica es otro de los motores del desarrollo.
La invención de la
escritura hace 3.000 años ensanchó las prestaciones del habla y supuso avances
incuestionables en el devenir humano. Con la grafía el habla se cosifica,
despersonaliza, descontextualiza, objetiviza, entre otras facultades (Cassany,
1999: 42), lo cual posibilita el desarrollo de géneros comunicativos nuevos: la
correspondencia, el inventario de hechos, la descripción objetiva, etc. Algunos
de los cimientos más significativos de nuestra civilización clavan sus raíces
en la escritura: el nacimiento y la expansión del comercio, la consolidación de
la democracia como sistema político, o la construcción del paradigma
técnicocientífico como explicación más plausible y unánime de la realidad (con
su empirismo, búsqueda de objetividad y precisión, razonamiento lógico).
Del mismo modo, el
desarrollo en el siglo
xx de las tecnologías del habla (telégrafo, telefonía, etc.) y de los
medios de comunicación de masas (radio, periodismo, televisión, etc.) tuvo una
influencia indiscutible en los procesos de interacción (intercambio,
colonización cultural, dominación política, etc.) y globalización de las
distintas comunidades humanas.
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